Desvelo 3: La belleza debe morir de Mercedes Corbillón
Texto: La belleza debe morir de Mercedes Corbillón.
Música: Reverie, de Isaac Gracie.
Desamor
«Hace frío y las gaviotas gritan como dementes más allá de los tejados. Me pregunto qué hacen aquí, tan lejos de todo y sin poner nunca el pie en esta ciudad inestable que en realidad no les interesa, solo la sobrevuelan gritando, como hacías tú conmigo, un avión con un cartel con la palabra «amor» que nunca se detenía en mi cuerpo, y me pregunto qué hago yo aquí, lanzando botellas mensajeras al mar del olvido si ni siquiera tengo orilla ni océano ni mucho menos qué decir, solo esta mañana calmosa y tórrida y el amanecer que se acerca acechante y que hace rato se llevó la luna llena que me recordaba a ti, porque todos los cuerpos celestes me recuerdan a ti y los otros cuerpos me recordarán a ti y los objetos animados e inanimados lo harán también, y en eso no habrá tregua y esa certeza se presenta tan diáfana como la luz del día que ya llega, y no hay una pizca de viento y no hace falta que lo haya para que me traiga la palabra «desamor». Desamor no significa dejar de amar, significa saber que no te aman, reconocer el vacío y la ausencia y la soledad y lo poco que valía tu nombre en la boca del amado, la única boca habitable del mundo. Fuera de ella, fuera de ti, mi nombre es una cáscara vacía, una cáscara barroca que esconde la nada, pero es el que tengo y habrá que usarlo para pedir pipas o cuerpos en algún lugar, y los abriré de uno en uno para matar el aburrimiento o la tristeza, y a veces gritaré como las gaviotas, así que deberías saber, cuando escuches a una, que quizás soy yo y que no quiero nada, lo quise todo y no fue posible, nunca tuve la más mínima posibilidad, y ya solo doy vueltas a tu tejado intentando aceptar que este es mi destino, uno absurdo y enajenado, y me siento bien en esa palabra, enajenada, fuera de mí, yo y otra más, a la que cedo en arriendo la realidad para que haga con ella lo que pueda mientras tú tienes el usufructo de mi corazón y probablemente ni te acuerdes de que existo, probablemente tengas el documento perdido en un cajón, con una goma de borrar y una multa de tráfico y las pastillas para dormir de los tiempos malos, y algún día al tropezarte con él mientras mueves los dedos rebuscando algo, quizás te sorprendas recordándome, puede que el timbre de mi voz o una rugosidad de mi piel en alguna parte o mis ojos cuando se llenaban de lágrimas, como ayer al ver la luna reflejada en el cristal de mi ventana, con todos sus cráteres que me hablaban de belleza y de lugares inhóspitos, que me hablaban de ti y de mí, que éramos hermosos y hostiles, como las flores que nacen en los precipicios; sí, seguro que no entiendes nada de lo que digo y la verdad es que yo tampoco, solo soy esa gaviota que grita, ¿la oyes?»
Mercedes Corbillón (Desamor – La belleza debe morir)
Interrogatorio de Mercedes Corbillón



