VERÓNICA DE 5 A 7

Interrogatorio nº 51: Sabina Urraca

Sabina es escritora. Le gusta contar y que le cuenten. Es lo que siempre ha querido hacer y es a lo que se dedica. Aparte de eso, le gusta volver una y otra vez a los mismos lugares, repetir recorridos, el transporte público, cocinar, mirar a los animales, hablar (todas estas cosas le parecen muy similares a escribir). No le gusta cuando la gente no observa el mundo, no percibe el valor de las situaciones o conversaciones que tiene delante. Le da pena cuando alguien no es consciente del valor de sus propias anécdotas, las mutila antes de narrarlas. Le desespera la gente que se aburre. Unas palabras escuchadas por la calle, un comentario del pasado, determinada forma de beber un vaso de agua, una conversación de whatsapp, un borracho que habla dormido… Cuenta que una vez, en el metro, vio una mujer a la que se le caía el pelo a mechones y lo iba guardando en el bolso. Cree que se suele pensar que la literatura es algo elevado, que sucede en los libros. Y lo cierto es que afirma, y no le llevamos la contraria, que los libros son un residuo de lo que es la literatura de verdad, que es el mundo pasando ante nuestros ojos.

Disparamos:

  • Ingredientes para un día perfecto.


Estar en mi casa, pasear a mi perra, escribir en el parque, ver por la calle alguna escena que desencadene una idea, cocinar y que vengan mis amigos a cenar.

  • Tres cosas que te gustan de ti.

Que voy aprendiendo a no dramatizar tanto.

La capacidad de observación de lo que me interesa.

Los dientes

  • ¿Qué te hace reconciliarte con el mundo?

Observarlo y verlo súbitamente bello, divertido, amable. Escuchar una conversación divertida por la calle, una frase curiosa soltada al aire. Encontrarme a gente que sepa contar historias sin darse cuenta de que sabe contarlas. Gente que es bella pero no lo sabe y nunca lo sabrá, ese candor irresistible. Poder ir a los sitios caminando, pero también la extraña relajación que alcanzo en el transporte público. Encontrar cierto salero dentro del absurdo del mundo, e incluso dentro de la maldad de las personas.

  • Qué historia de amor literaria se te clavó en un costado.

Los llanos, de Federico Falco. Una historia de amor al seguir adelante con la vida, de levantarse tras un giro vital brusco y volver a la vida poquito a poco, a través de sembrar, cuidar plantas, recoger poco, insistir, observar.

  • Si pudieras conseguir que algo llevara tu nombre, ¿qué te gustaría que fuera?

El tramo de un río o un charco de Punta del Hidalgo, Tenerife.

  •  ¿En qué película vivirías por un día?

En La ciénaga, de Lucrecia Martel. Borracha y rendida junto a una piscina sucia.

  • ¿Asumes tus defectos?

Cuando estoy hablando con gente, justo después de hacer un comentario, aparece en mi cabeza la frase “soy insoportable”. Soy muy consciente de que soy insoportable. Lucho contra ello cada día, pero no estoy demasiado segura de que lo esté haciendo bien.

  • El secreto de un buen beso.

Que sea en la cabeza de un perrito muy sucio de la calle, que no te importe que huela mal.

  • Un tema de conversación inagotable.


La gente, los caminos sorprendentes de sus vidas, la familia, la anécdota que se cuenta una y otra vez, y siempre nos impresiona.

  • ¿Cuál es tu reserva natural de melancolía?

La desesperanza que siento hacia el mundo en general y pensar en las dificultades que tuve en la infancia (extensibles, supongo, a un montón de niños tímidos con la imaginación y los terrores disparados). Esa caja de incomunicación en la que se vive en la infancia. Tienes sentimientos, emociones y penas, pero no posees el lenguaje ni el espacio para transmitirlos.

  • Un libro refugio o el último que te hizo BUM. 

El último que me hizo BUM: Estrella distante, de Roberto Bolaño. Lo terminé hace un mes y lo llevaré dentro para siempre.

Un libro refugio, al que vuelvo una y otra vez: Sistema nervioso, de Lina Meruane.

  • Un sonido que te guste.

Ese zumbido leve en un día de campo sin demasiado calor. Y, encima de eso, el ruido de tenedores contra tarteras metálicas antiguas. Es mi primer recuerdo de embelesarme con un sonido. Pienso en él muchas veces y me da paz.

  • ¿En qué crees?

En momentos diminutos de bienestar. En contar y que te cuenten cosas. Y en el agua. Creo un montón en el agua.

  • Algunas de las cosas que deberías hacer antes de morir.

Antes de morir me gustaría haber escrito unos cuantos libros que me gustaran bastante, con cuya escritura me hubiese divertido. También me gustaría haber cocinado para mucha gente. Es algo que ya hago, pero me encantaría ampliar. Y quizás tener una casa en el campo, cerca de un río. Una casa un poco desastrosa y desordenada, pero en la que pueda escribir, cocinar, recibir amigos.

  •  La última serie que te obsesiona.

Me interesa muchísimo How to…with John Wilson. Y espero con fervor la última temporada de La amiga estupenda.

  • ¿Qué consideras tener éxito en la vida?


Estar tan tranquila y en paz que disfrutas hasta del milagro de fregar los platos. Dormir muy bien. Seguir sintiendo curiosidad.

  • Enumera lugares que vayan de la mano de recuerdos y háblanos de ellos.

Los montes de Anaga, en Tenerife. Cuando tenía unos ocho años, un loco que estaba en la cárcel se escapó durante un permiso y anduvo sembrando el terror por esos bosques de laurisilva. Mató a unas cuantas personas, violó a una chica. Yo estaba absolutamente obsesionada, paralizada de miedo. No dormía, no hablaba de otra cosa. En un momento dado, mi padre me vio tan chiflada con el tema que se hartó: me subió al coche y me llevó al monte. Dimos una vuelta corta por allí y nos volvimos a casa.

Punta del Hidalgo, Tenerife. Pueblo de costa muy vinculado al veraneo familiar. Mi Abuela Juana Rosa mirando al aire con sus ojos llenos de cataratas y diciendo: “Hace una tarde de rayo verde”.

El Retiro, Madrid. Tantas y tantas reuniones y fiestas de amigos allí. Allí celebramos mi boda. Llegó la noche y cerraron el parque con nosotros dentro.

  • Nunca volverás a salir con nadie a quien no le guste alguna de estas cosas…

Llevo bastantes años con mi marido, así que mi visión hacia el “salir con alguien” me parece una cosa lejana, difícil de imaginar ahora. Pero recuerdo salir con gente a la que no le gustaba hablar o que, ante cualquier comentario o historia un poco rara soltaban un “estás súper loca”.

  • ¿Con qué look te sientes más cómoda/o?

El cuerpo me parece una incomodidad absoluta, toda la ropa me resulta un poco incómoda. Me interesan sobre todo los disfraces, incomodidad que al menos va en una dirección, que tiene un propósito. De hecho, toda ropa me parece un disfraz (We all born naked and the rest is drag, que dice Rupaul). Pero, a pesar de parecerme incómoda, me interesa mucho la ropa, tengo sensaciones fuertes con determinados colores y patrones. Me obsesiono con colores determinados por épocas. Hubo muchos años en los que vestía principalmente de rojo, negro y verde. Hace años que me obsesioné con el añil y un rosa como gastado que llamo ‘lengua de perro’. Ahora estoy sustituyendo el negro por el blanco.

  • ¿Qué olores te traen recuerdos?

Demasiados. Puedo emocionarme por la calle porque me llegó una ráfaga del perfume de una chica que estuvo conmigo en una residencia de escritura. Una chica que ni siquiera me caía bien del todo. Así de absurda es mi memoria olfativa.

  • No te resistes a…

Bañarme en cualquier mar, río o lago que encuentre, sea la estación que sea, esté donde esté, tenga bañador o no.

  • Intimidad, ¿qué te sugiere?


Hablar en una cama, hablar en el cansancio y la rendición. O cocinando. Haber construido un lenguaje, unas palabras que sólo entienden unas cuantas personas.

  • Una canción o un disco que te evoque una historia.

Alors on danse, de Stromae.

  • Hemos llegado a ese punto álgido de la vida en el que hemos creado suficientes recuerdos, ¿en qué lugar te sentarías para recordar?

Me encantaría que me dejaran pasar una noche en el colegio al que fui de pequeña.

  • Un viaje soñado.

Como viajo bastante por trabajo, viajar no me interesa mucho, o por lo menos no la manera de viajar de ir a un lugar una semana e intentar conocer lo máximo posible en esos días. Me agobio, siento que lo hago mal, no me sé organizar. Así que mis viajes soñados son los que hago cada verano: alquilar una casa un mes en algún pueblo a algún amigo o conocido y pasar allí los días, sin movernos demasiado. Prefiero estar en un sitio que viajar por un sitio. Me encanta pasear siempre por los mismos sitios, ir a la misma playa, al mismo bar.

  • El último subrayado de un libro.

“Busco nombres fuertes para no dar asco”. Es una frase de fin de párrafo de Black out, de María Moreno. Es un libro absolutamente brillante, ya uno de mis favoritos. En ese párrafo hace un repaso de gente ilustre sucia, ensalza la mugre para disculpar la suya. Y termina así, diciendo “busco nombres fuertes para no dar asco”, porque ha nombrado a Sócrates, a Magdalena y a Cristo, grandes mugrosos o interesados en la suciedad. Esa última frase, que leí anoche antes de dormir, me llenó de regocijo, de admiración ante la inteligencia de su humor.

  • Películas de tu vida. Sin pensar, las primeras que vengan.

Espíritu sagrado, de Chema García Ibarra. El secuestro de Michel Houellebecq, de Guillaume Nicloux. Canino, de Yorgos Lanthimos.

  • ¿Cuál es la mejor forma de felicidad?


La misma que la del éxito: Estar tan tranquila y en paz que disfrutas hasta del milagro de fregar los platos. Dormir muy bien. Seguir sintiendo curiosidad.

  • Una cuenta de Instagram que te inspire.

Me encanta la mente y la obra de @eskubijoseba . Siempre quiero escribir libros que puedan tener como portada uno de sus cuadros o fotos. Y Rebe, @rebequitalabonita , mi artista integral favorita. Hay que verla en directo para comprender la magnitud de su imaginario. Mi amiga, la escritora María José Hasta, me dijo una vez, refiriéndose a Rebe: ¿Cómo se llama esa que os gusta tanto que parece una muñequita steam punk adquirida en un Rastro Remar?

(Publicado el 18 de septiembre de 2024)