Interrogatorio nº 57: Mario Muñoz
Yo debería hablar de todas las pomposidades que es el currículum de Mario, parece de la realeza con nombres compuestos y apellidos separados con guión, pero mostraremos hasta la primera línea de sucesión:
- Gestor musical, musicólogo, divulgador y crítico musical.
- Director del programa “Correspondencias” de Radio Clásica (RNE).
- Imparte clases y conferencias en la Universidad Complutense de Madrid, en el Teatro Real y otras universidades.
- Crítico musical en diferentes medios, comisario de festivales, director artístico de fundaciones y blablablá.
Podríamos seguir hasta la eternidad pero vayamos a los quereres propios: Mario es un soplo en mi vida, que veinte años de viaje compartido desde la distancia no son nada, que febril la mirada y que es el culpable de gran parte de mi educación literaria, musical, cinéfila y de un idioma propio. Debería replantearse como eso no figura en sus noblezas.
Disparamos:
- Ingredientes para un día perfecto.
Se me ocurren muchos, pero todos tienen que incluir que en algún momento de la tarde ella diga “Vale” cuando yo proponga “Te invito a desayunar”.
- Tres cosas que te gustan de ti.
Primera: que el cansancio me suele desarmar en risa. Segunda: que el tiempo compartido hace que vea a la gente más bonita. Una amiga dice que el amor dura lo que tardas en entender que esa preciosa peca de tu compañera es en realidad una verruga. En mi caso, cuanto más tiempo pasa, más pecas veo a mi alrededor. Tercera: la absoluta, completa y desarmante fragilidad ante cualquier tipo de belleza. Hay que reivindicar la fragilidad, es donde pasa todo lo que merece la pena. Desnudarse frente a alguien es pura fragilidad. Subrayar un libro, también.
- ¿Qué te hace reconciliarte con el mundo?
Las ambulancias. Me parecen un brutal símbolo de civilización. Conduces por la selva de atascos de Madrid o Barcelona y de repente suena la sirena de una ambulancia. Y todos nos paramos, apartamos o aceleramos para facilitar la maniobra de alguien que va a ayudar a otro alguien de quien nada sabe. El mundo se para por cuidar a un desconocido que lo necesita. Me resulta emocionante.
- Qué historia de amor literaria se te clavó en un costado.
La de Martín y Alejandra en Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sabato. Fue la primera dentellada adulta que recuerdo. De querer a alguien, bien o mal, se ha escrito mucho. Pero de la confusión de amar…
- Si pudieras conseguir que algo llevara tu nombre, ¿qué te gustaría que fuera?
Una corriente oceánica. No lo digo (solo) por pomposidad. Viaja invisible, cálida, curiosa. A eso le llamo yo un resumen vital.
- ¿En qué película vivirías por un día?
Esta es fácil. Vacaciones en Roma. Nadie ha estado nunca más hermosa sobre la faz de la tierra que Audrey Hepburn en la escalinata de la Plaza de España o haciendo escorzos en la Vespa. Y nunca ha salido tan guapo Gregory Peck. Normal. La estaba mirando a ella.
-
Algunas de las cosas que deberías hacer antes de morir.
Las que sean. Un concierto de Simon & Garfunkel. Ir a la Exposición Universal de París de 1868. Sentarme al lado de Claude Lorrain cuando pintaba un atardecer. No sé. Cosas imposibles. Nunca se ha tratado de cumplir metas sino de caminar.
- ¿Asumes tus defectos?
Más bien me toleran ellos a mí. Son mayoría cualificada. Unanimidad, si me apuras.
- El secreto de un buen beso.
Saber que es el último. Lo sea o no.
- Un tema de conversación inagotable.
Borges o Cortázar con gente que no conoce la “y”.
- ¿Cuál es tu reserva natural de melancolía?
Damien Rice
- Un libro refugio o el último que te hizo BUM.
Como refugio, Emigrantes, de Shaun Tan. Y no tiene una sola palabra. El bum fue Exhalación de Ted Chiang, un bum distinto. Es un libro sobre el amor y el respeto pero de otro tipo. Amor hacia la inteligencia del lector. Mimar las ideas.
- Un sonido que te guste.
La respiración calmada, perfecta, de mi hijo pequeño dormido sobre mi regazo.
- Una serie que te obsesionó.
No se si obsesionar, pero la más recurrente, Northern Exposure (“Doctor en Alaska”). Todos hemos querido ser Chris Stevens y hablarle al micrófono de KBHR diciendo cosas inteligentes con el grado justo de nostalgia. “Brindo por el exceso, el olvido, el fracaso y la ceguera”. Escucharle era formar parte del clan de los peterpanes del mundo.
- ¿Qué consideras tener éxito en la vida?
Que tu lluvia sucia no manche a los que están a tu lado. Que aquellos o aquellas con quienes caminas crean que te has equivocado antes de que se les pase por la cabeza que querías hacer daño. Que te digan con franqueza “qué alegría verte”.
-
Enumera lugares que vayan de la mano de recuerdos y háblanos de ellos.
Playa de Mazagón al amanecer o el primer beso.
El Montacargas o aprender a hacer desnudos integrales detrás de una guitarra.
Librería-Café María Pandora o cómo la indecisión me salvó.
Aeropuerto de Barajas o el arte de empezar lo imposible.
Auditorium Palma o cuando “Elephant” me llevó por delante.
Salón anónimo, en casa, o cómo al amanecer un bebé opinó que mi nariz era jugosa
- ¿Con qué indumentaria te sientes más cómodo?
Vaqueros y sudadera con capucha y sin cremallera. La capucha es una forma de vida. Una chimenea portátil. Una caricia de cabeza. Como pasear de la mano.
- ¿En qué crees?
En que hay que estar a la altura de la gente que te ve mejor de lo que eres.
-
¿Qué olores te traen recuerdos?
La evocación por el olor es muy poco exclusiva, creo. Me disparan los olores que disparan a todo el mundo, debe ser algo atávico: el de las noches de verano, el de las panaderías a las tantas de la mañana, el de antes de una tormenta, el de la madera en la chimenea, el del gel Moussel, el de los aeropuertos. Todo muy previsible, me temo. Los interesantes de verdad son los aromas privados, los que te dejan en carne viva en mitad de cualquier calle cuando alguien pasa cerca oliendo a lo que sea que te pasó hace quince años. Qué poder.
- No te resistes a…
Cualquier hilo que prometa una buena historia. Las sirenas de verdad en la Antigüedad no tentaban con el sexo sino con contestar a todas tus preguntas. Con cortar la “sed de la mirada curiosa”. Cómo resistirse.
- Intimidad, ¿qué te sugiere?
Ese barrio en el que vivías cuando eras pequeño y que ahora, cuando pasas por allí por casualidad, sigue estando en el mismo lugar pero todo ha cambiado. En tu cabeza sonaba como un tango de Gardel, ahora toca esquivar la música moñas de “La Casa de las Carcasas”.
- Una canción o un disco que te evoque una historia.
New York City Serenade de Bruce Springsteen. No se puede ser más feliz estando triste.
- Hemos llegado a ese punto álgido de la vida en el que hemos creado suficientes recuerdos, ¿en qué lugar te sentarías para recordar?
Cualquier lugar del paseo marítimo entre el Baluarte de la Candelaria y la Garita de Santa Bárbara, en Cádiz.
- Un viaje soñado.
En un globo Montgolfier sobre el valle del Loira. Súper accesible y normalito. Ya puedo esperar. En versión menos cool, Delfos.
- ¿La felicidad se aprende?
Se aprende a dejar de buscarla en sentido épico, con violines de fondo y fundido a negro mientras la cámara se aleja. Cada vez son cosas más pequeñas las que me hacen feliz. Un bolígrafo bic con tapa color mandarina, por ejemplo.
- ¿Qué adultos tomaste como modelo?
No sé si cuenta como adulto, pero Atreyu. Le sujeta la cabeza a su caballo Artax para que pueda respirar, mientras el animal se va hundiendo en el lodo del Pantano de la Tristeza. El peso de la pena le hunde. Atreyu le susurra: -Yo te sostendré, y Artax relincha una vez más suavemente a su oído. Luego aprieta los labios y sigue adelante para dejarle morir con dignidad. Yo tenía diez años. Me parecía imposible ser más valiente. Cómo lloré.
-
El último subrayado de un libro.
Que un día, y sólo porque tal vez imaginamos
otro país más nuestro, otro lugar
donde vivir, salimos a oscuras de nosotros,
de lo que sospechamos ser, crecidos –se diría–
por este manantial de signos imposibles,
para llegar exhaustos nuevamente
a lo que somos de verdad: sólo sombras
que va cambiando el sol de sitio…
De “Azul hasta ayer mismo” de Vicente Valero
- Películas de tu vida. Sin pensar, las primeras que vengan.
Lost in Translation. Vertigo. Hiroshima, mon amour. Una historia verdadera. Sideways. Matar a un ruiseñor. Solaris. La fiera de mi niña. El maquinista de la general. Desayuno con diamantes. Blade Runner. La noche del cazador. El castillo ambulante. Deseando amar. El crepúsculo de los dioses. El sur. Her. El golpe. Un lugar en el mundo. I’m here.
- ¿Cuál es la mejor forma de felicidad?
En mi caso la niñez. No porque no me hicieran sufrir sino por la incapacidad de entender por qué los demás hacían daño. Hay cosas que es mejor no comprender.
- Una cuenta de Instagram que te inspire.
Un clásico: Flavita Banana. “- ¡Hablo 7 idiomas! – ¿Y cuántos escuchas?”.



